YPF: la contaminación, en primera persona

Enfermedades, humo, explosiones y muchas historias que generan temor. Relatos de los vecinos de las zonas aledañas a la refinería de Ensenada, quienes presentan tristes coincidencias en sus vidas

La llamarada desmedida proveniente de la antorcha de la refinería de YPF de Ensenada inquietó severamente a todos los platenses el pasado fin de semana.

Pero la historia de los que viven cerca de la planta es muy distinta. Ya no se habla de pánico, sino de enfermedad, trastornos y contaminación. Problemas respiratorios, sobresaltos por explosiones a cualquier hora y niños con un futuro poco prometedor son los relatos en primera persona que hoy revelaremos.

La semana pasada, días antes de que la región se conmoviera frente al fuego y las columnas de humo contaminante de la petrolera, se habían advertido problemas en la planta: un escape de gas dejó a 18 operarios afectados. Seis  debieron ser hospitalizados y, aunque recibieron el alta, todavía continúan bajo reserva médica y controlados por especialistas.

Lo sucedido el fin de semana provocó una catarata de llamados a nuestra redacción, reportando preocupación por divisar desde lugares lejanos e inauditos que un evento extraordinario acontecía en  la zona. Según explicó la propia empresa, las llamas, ruidos y olores intensos seguirán toda la semana.

El diario Hoy conversó con vecinos de El Dique, quienes contaron sus terribles experiencias viviendo cerca de la planta.

La voz de los vecinos

José Luis Torres (48 bis y 128): “Los gases de la planta enferman a mis hijos. Los llevo a diario al Hospital de Niños por el asma, que se lo agarraron acá. Nací en esta zona y yo también tengo problemas respiratorios. El otro día, cuando se dio la pérdida, los nenes vomitaban con todo. Los llevás al médico y te dicen que están contaminados. Te dan medicación. Tienen que fijarse el tema de la pérdida de gases”.

Matías Marchant (49 y 130): “La otra vez había ambulancias adentro de la refinería. Yo pensaba: ¿Qué habrá pasado?, ¿se habrán intoxicado? Lleno de ambulancias, eso te preocupa. Los ruidos molestan, a veces no podés dormir. No me asusto con el fósforo porque estoy acostumbrado. Pero a veces se alumbra todo y da miedo”.

Mario Osvaldo Gómez (48 Bis entre 126 y 127): “Cuando se inundó La Plata, creí que nos moríamos todos. Ese día fueron como diez bombazos. Pensé que se había armado una guerra. No te das una idea del ruido que hicieron esas explosiones. La gente disparaba desesperada. Ese día fue terrible.

Estábamos con mi hermano y él me decía: Vamos a esperar a ver qué pasa. Después nos fuimos a la cabecera del dique a mirar las llamas. Había un muchacho de YPF que nos decía: Ustedes tienen que preocuparse cuando el fuego llegue a esas torres bajas. Ahí está la nafta especial y, si el fuego agarra eso, volamos todos. Si esto llegara a explotar, vuela todo. Está todo interconectado con la petroquímica. Explota uno y explota todo. Ruidos y olores, los que quieras” (sic).

Marta Di Domenicantonio (49 e 127 y 128): “El domingo se escuchó una explosión bárbara. Cuando pasó la inundación de 2013, me asusté mucho y me quería ir. Los ruidos a veces son insoportables, al punto de no poder dormir porque vibra todo. Pensás que dejaste el gas abierto”.

Emiliano Virgilio (49 e/ 127 y 128): “Escucho ruidos cuando hay fogonazos. Hay gente que sufre más, sobre todo la que está cerca de la carbonera, personas que padecen muchos problemas respiratorios en el Barrio Campamento. Los fines de semana, el fósforo está a pleno. Los ruidos ya los tengo incorporados en mi cerebro”.

Jorge Osvaldo Ferrer (127 e/ 47 y 48):  “Yo trabajé en la destilería y conozco todos los movimientos. Es una zona de riesgo y contaminación. En algún momento hubo algún sistema de evacuación. Fue en una época que hubo problemas con las plantas de gas. En toda mi vida, tres o cuatro veces nos han evacuado. Cuando fue la inundación, se puso feo. Caían los pedazos de esquirlas. Volaban. No atiné a hacer nada. Yo soy músico, pero ahora no estoy tocando. Estoy enfermo. Tengo leucemia y estoy esperando un trasplante de médula”.

Nilda Ordás (48 y 130): “Desde que hicieron el fósforo nuevo, hay más ruido todavía. Parece que va a explotar. No sé bien lo que pasó el domingo, pero no se podía dormir. Cuando se prendió fuego la planta, desde mi casa se veía todo y caían las chispas en mi residencia. Eso fue durante la inundación. Estuve esperando a que alguien me ayudara y nadie me asistió. Pasé cuatro días con el agua en el pecho. Yo hice los reclamos, pero nadie vino”.

13.7.2016

FUENTE: diariohoy.net. BUENOS AIRES

Anuncios