Todavía, gracias a Dios, no hemos experimentado
un grave accidente ferroviario con transporte de cargas peligrosas  (materiales explosivos, corrosivos, irritantes, tóxicos, inflamables, etc.)
 
 
Imaginemos que en la tragedia de San Miguel, el convoy impactado no transportara pasajeros sino sustancias químicas peligrosas.
¿Qué hubiera pasado no solo con los pasajeros del tren que impacta al de cargas, sino también, pensemos en la suerte que hubieran corrido los pobladores cercanos, el hospital de las inmediaciones, las escuelas, etc. al liberarse o derramarse la carga peligrosa transportada.
Pero como bien se ha dicho no debemos culpar a la Providencia si este tipo de accidente llegara a ocurrir.
Es deber gubernamental, disponer lo necesario para preparar a la población en caso de producirse un accidente ferroviario con transporte de cargas peligrosas.
 
Pero también muchos sectores son responsables de la falta de previsión y concientización y preparación de los pobladores para enfrentar
emergencias químicas que pueden ocurrir con trenes de cargas peligrosas (sin descuidar las plantas industriales u otras instalaciones de riesgo mayor), precisamente porque no debemos esperar que ocurran.
Estamos a tiempo.
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