Se desechan 100 kilos de pilas peligrosas por día en la Capital

En los basurales encontraron contenidos de níquel y de cadmio, que son cancerígenos
Teléfonos celulares, radios portátiles, juguetes, grabadores, máquinas fotográficas, audífonos, balanzas, linternas… La lista de dispositivos que hoy utilizan el adminículo creado por el físico italiano Alessandro Volta hace más de dos siglos es prácticamente interminable. Se calcula que, para hacer funcionar los que posee, cada uno de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires utiliza, en promedio, 10 pilas anuales.

De ellas, algunas son prácticamente inocuas para el ambiente, pero otras son francamente contaminantes. Un equipo del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Universidad de Buenos Aires decidió estudiar en detalle el volumen de estos adminículos que se desechan.

“Hace algún tiempo notamos que es un problema acuciante -dice Marcela De Luca, autora del estudio, junto con los ingenieros Néstor Fernando y Néstor Anecto Giorgi, César Rueda Serrano y Marcos de la Cruz-. En 2008 vimos que las pilas y baterías eran el 0,123% total del flujo de residuos. Parece un número chico, pero son 110 millones de toneladas por año. Es decir, más o menos 328 kilos por día. De ésas, alrededor del 32% de las que se desechan son altamente contaminantes, unos 100 kilos diarios.”

Los investigadores llegaron a esta conclusión trabajando en las estaciones de transferencia, haciendo descargar algunos camiones recolectores, previamente preseleccionados por el nivel socioeconómico y usos del suelo de las zonas en las que recogen los desechos.

“Sobre eso, van haciendo una separación manual para aplicar un método estadístico que se llama de «cuarteos y homogeneizaciones sucesivas».”

Hay mayor cantidad en los que desechan los edificios de áreas comerciales y centrales de la ciudad, del macrocentro y el microcentro que en las zonas más alejadas. Otro trabajo indica que una mayor educación está vinculada con un mayor uso de pilas.

“El primer estudio lo hicimos mientras el gobierno de la ciudad sacaba un programa de recolección de pilas en los CGP -explica De Luca-. Como nosotros tenemos una metodología ya probada en la caracterización de los residuos, lo que hicimos fue aplicarla para analizar en especial las pilas que se habían reunido dentro de ese programa, que sumaba casi tres toneladas en dos o tres meses, porque había sido muy exitoso.”

Las pilas producen electricidad a partir de un conjunto de reacciones químicas que alcanza para activar dispositivos electrónicos o mover pequeños motores.

Existe un pequeño catálogo de versiones, algunas de las cuales son las que preocupan a los investigadores.

“El problema es antiguo -dice la especialista-. Antes tenían mercurio, pero ahora las de marca reconocida tienen contenidos muy pequeños de metales tóxicos. Estas se recomienda tirarlas dentro del mismo contenedor de residuos que se utiliza para el resto de la basura familiar y mandarlas al mismo relleno sanitario a una disposición final segura.”

 
Buenas, regulares y malas

Según explica De Luca, las más peligrosas desde el punto de vista ambiental son las llamadas “pilas botón” (que se utilizan en relojes y audífonos) y las recargables.

“Contienen níquel y cadmio, dos elementos que pueden infiltrarse y contaminar napas de agua o áreas superficiales -dice-. También las baterías de teléfonos celulares o inalámbricos deberían ser «de intercambio», uno compra un celular y devuelve la anterior batería, o compra una pila botón y devuelve las anteriores. Para las secundarias, sí recomendamos recolectarlas de forma diferencial. El mismo comerciante vende una pila y reclama la otra, y el que se tendría que hacer cargo es el productor de la pila y la deposición final, que no le quede el problema al consumidor.”

Según la ingeniera Rosana Iribarne, secretaria del Instituto de Ingeniería Sanitaria, si bien habría que estabilizarlas químicamente con cemento o detergentes, y enviarlas a un relleno de seguridad, lo más saludable para el medio ambiente es, por lo menos, dispersarlas.

Dice Iribarne: “Lo peor es juntarlas, porque si a uno se le juntan 50 pilas, es como si tuviera una bomba química. El ambiente tiene más dificultad para absorberlas que si están dispersas. Por otro lado, en el país ya hay empresas interesadas en recuperar las sustancias que contienen”.

Según los especialistas es necesario hacer estudios más extensos para evaluar cuál es, realmente, el poder contaminante de estos desechos, y hacer análisis de lixiviación (filtración de los metales más contaminantes en el suelo) y definir con precisión si pueden ir o no dentro del flujo de residuos comunes.

Nora Bär

06 JUL 2009

FUENTE: LA NACION ARGENTINA

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