YPF revalidó ayer su plan de contingencia en Loma La Lata

Lo hizo mediante un simulacro de derrame de hidrocarburos sobre el río Neuquén. El operativo fue fiscalizado por Prefectura Naval Argentina.

Se demostró cómo se controlaría un posible derrame en uno de los oleoductos de Loma La Lata que pasa en cercanías al río.

Neuquén

La empresa YPF realizó ayer un simulacro de derrame de hidrocarburos en el yacimiento Loma La Lata, para revalidar su plan de contingencias.
El operativo realizado ayer al mediodía el río Neuquén, a la altura del pozo 144, en tierras de la comunidad mapuche Paynemil, consistió en simular un derrame mediante la utilización de semillas de girasol, que tienen un comportamiento similar en el agua al de los hidrocarburos.
El simulacro se desarrolló para revalidar ante autoridades de Prefectura Naval Argentina el plan de contingencias de YPF, formalidad que se cumple una vez al año. Ayer se demostró cómo se controlaría un posible derrame en uno de los oleoductos de Loma La Lata que pasa en cercanías al río Neuquén.
La tarea consistió en arrojar 50 kilos de girasol aguas arriba de la barrera de contención armada por operarios de YPF con la ayuda de personal de la empresa Emergencias Petroleras, que es contratada por la operadora del yacimiento.
La barrera flotante, que atravesaba el río, dirigía el girasol hacia la costa, donde estaba una bomba conectada a una manguera que luego depositaba el material en un piletón de lona.
A lo largo del río Neuquén, YPF tiene determinados puntos estratégicos para controlar los derrames de hidrocarburos, establecidos en su plan de contingencia, que es aprobado por Prefectura por una duración de 5 años, con una revalidación anual como la que se llevó a cabo ayer.
Si bien los oleoductos son monitoreados constantemente, existe la posibilidad de que se produzcan fugas que no sean detectadas, por ello la empresa tiene planificado cómo actuar en esos casos.
Existen tres niveles de emergencia. El primero, de riesgo bajo, comprende a derrames menores 10 metros cúbicos (m3), como el que se simuló ayer. El segundo nivel es cuando se supera esa medida y hasta 500 m3, instancia en la cual la Unidad Económica Loma La Lata debe comunicar de inmediato al Comité de Crisis. Si el derrame es mayor a 500 m3, llega al tercer nivel, y puede superar la capacidad de respuesta de la empresa, por lo cual debe llamar a los medios externos como Prefectura.
La Prefectura Naval Argentina es la autoridad de aplicación del sistema nacional de respuesta ante derrames de hidrocarburos. Por ello, evalúa y verifica mediante auditorñías que las empresas cumplan con sus planes de contingencias.

04 OCT 2008
FUENTE: La Mañana Neuquén  ARGENTINA

Hombres Empetrolados ANTECEDENTES DEL CASO YPF EN LOMA DE LA LATA

Queridos amigos:Todos estamos habituados a ver por televisión diversas especies de aves empetroladas. Pingüinos, gaviotas y cormoranes con las alas negras y el pico pastoso son imágenes que han dado la vuelta al mundo y son hoy símbolo de la contaminación. Se sabe mucho menos, sin embargo, de los seres humanos empetrolados, víctimas de la misma negligencia. Al hablar de derechos humanos, tenemos que recordar que en cualquier sociedad la gente que no tiene acceso a la vivienda, al trabajo, a la educación o a la salud es la misma que no puede respirar aire limpio, beber agua potable y que vive sobre suelos contaminados. Déjenme que les cuente una historia. Acabamos de regresar de un viaje a la provincia del Neuquén, en un punto del inmenso desierto patagónico. Allí recorrimos el yacimiento gasífero y petrolero Loma de La Lata, el más importante del país y uno de los mayores de América Latina, a cargo de la empresa española Repsol, la actual dueña de YPF. Durante su largo período de administración estatal, YPF estuvo concebida como una empresa que promovió el desarrollo regional, como una manera de compensar los daños que su actividad provocaba sobre el terreno. Hoy la única función YPF es extraer hidrocarburos y llevarse las ganancias al exterior, ya que sus dueños no están obligados a reinvertirlas en el país, ni mucho menos a compensar los daños que provocan. Las consecuencias ambientales de esta actividad minera son tan graves, que resultan difíciles de imaginar.[i] El paisaje es opresivo. En la árida meseta patagónica aparecen, como juguetes dispersados por un gigante, las bombas de extracción del petróleo, las “cigüeñas de acero”, como dice el poeta Armando Tejada Gómez. El paisaje está herido por caminos y picadas, y surcado de caños en todas direcciones. Cada tanto, un mechero inmenso quema los gases sobrantes: “Antes no los quemaban. Hasta hace poco, vivíamos todo el tiempo con los olores de estos gases”, nos dice el guía. En ese lugar, la empresa Repsol-YPF explota los recursos mineros en el mismo sitio en el que viven dos comunidades mapuches. Mapuche significa “gente de la tierra”; para ellos, la vida es inimaginable fuera de sus tierras ancestrales. Por eso, no tiene sentido comprárselas y enviarlos a otro lado. “El hombre pertenece a la tierra”, dice el jefe de las comunidades mapuches, y suena realmente extraño, por esas vueltas de la vida, escuchar aquí a un indio verdadero citar las palabras de un indio apócrifo, inventado por un guionista de Hollywood y repartido en todo el mundo por las Naciones Unidas. La empresa asegura que el agua subterránea no está contaminada, pero los pobladores se quejan de enfermedades provocadas por beber de una napa en la que se han dejado filtrar las aguas de purga de la explotación. Hoy esos pobladores tienen plomo y mercurio en la sangre, y, después de un juicio, la empresa debe proveerles de agua potable en bidones. Sin embargo, ¿con qué agua se bañarán? ¿Qué beberán los animales, que hoy están muriendo? Acabo de ver morir a cabritos que nacieron deformes. Tal vez la explicación esté en los arroyos: el agua es espesa y las plantas acuáticas tienen un borde aceitoso. “¿Cómo les explican ustedes a los animales que no tomen el agua de los arroyos?”, me pregunta uno de los mapuches. En el informe realizado por el equipo técnico que asesora a estas comunidades, aparecen referencias a nacimientos deformes de animales domésticos y también al temor de que ocurra lo mismo con los seres humanos: “Esto que les han dicho a las mujeres, que no pueden tener familia, nosotros lo hemos visto en los animales”, dice uno de los testimonios. “Han salido animales afectados, que al nacer pelados no sabemos si son chivos o ratones, o animales que parecen canguros. El año pasado tanta fue la pérdida, se murieron tantos chivos… Salieron animales sin cabeza, con las dos orejas y sin la cabeza; puras orejitas, y eso es lo que se está viendo hoy día.” “Más temor con las mujeres. Si los animales salieron con ese defecto, qué podemos esperar con las personas”, dice otro testimonio. “Es algo terrible que ni un padre ni una madre pueden soportar. Por eso las mujeres y los hombres nos tenemos que cuidar. El nuevo problema que tenemos es que los chicos van a ser hombres y mujeres, y no sabemos si van a poder tener hijos…”[ii] Un derrame de petróleo aparece primero como una mancha sobre el terreno, una sustancia semejante a barro negro que va desparramándose sobre el suelo. Al principio, la velocidad horizontal es mayor que la vertical, la mancha se expande primero y, después, poco a poco, va absorbiéndose. La distribución del contaminante depende del tipo de suelo y de los desniveles que tenga el terreno. Nosotros no podemos ver lo que pasa debajo de la tierra, pero las plantas lo perciben y nos lo muestran. Hay plantas que alargan sus raíces hasta alcanzar la napa freática (es decir, la primera napa de agua subterránea). Se las denomina “freatófitas”. Esas plantas van descendiendo por la tierra hasta que, en vez de agua, encuentran petróleo. En ese momento mueren envenenadas y se quedan secas en su sitio. El manchón de jarillas secas en superficie tiene la exacta forma de la mancha de petróleo debajo del suelo. Hasta hace poco, la empresa sostenía que el agua de las napas no estaba contaminada. Recorremos la zona; cada tanto, unos tubos permiten acceder a la napa para analizarla. Uno de los indios arroja un tachito con una cadena dentro. Se escucha una salpicadura en el fondo y poco después vemos un agua oscura. “¿Les parece que esto es potable?”, pregunta. “La empresa siempre dijo que sí. Veamos.” Vuelca un poco del agua oscura sobre una piedra, le acerca un fósforo y el agua arde en una alta columna de fuego. Más allá, las piletas de petróleo han sido tapadas con tierra en vez de saneadas y en cualquier lugar hay tanto petróleo en la superficie que el suelo mismo puede arder. A partir del juicio efectuado por las víctimas, acaba de construirse una planta de distribución de agua corriente. La toman del río próximo, que también está sospechado de estar contaminado. Los colaboradores de los mapuches estudian los planos de esa planta y descubren que no tiene previsto ningún procedimiento para depurar el agua de los hidrocarburos que pueda contener. Sólo una cloración elemental, lo que agrava los riesgos, ya que los compuestos clorados de hidrocarburos son más peligrosos aún que los hidrocarburos mismos. Los representantes de las comunidades afectadas me informan que se niegan a beber un agua que no ofrece las mínimas garantías de potabilidad.[iii] Los pobladores que no son indios no han sido mejor resguardados por la empresa. A poca distancia del borde del área en explotación se encuentra la localidad de Añelo, un pequeño pueblo perdido en el desierto. La mayor parte de sus habitantes se queja de fuertes dolores en las articulaciones. Añelo tiene un tanque de agua municipal que distribuye el líquido sin tratamiento alguno. Estamos en la casa de una familia de pobladores. Dentro del depósito del baño el agua huele a hidrocarburos. En los bordes el agua ha dejado un residuo negro y pastoso. “Lo limpiamos hace un par de meses”, dice el dueño de casa, quien tiene residuos semejantes en su organismo. “Los meses que podemos pagar agua envasada nos sentimos un poco mejor”, agrega, “pero ya tenemos la contaminación dentro del cuerpo.” Estos vecinos han sido amenazados por denunciar el estado del agua, amenazas que se extendieron también a los farmacéuticos que la analizaron.En todas partes, la explotación petrolera provoca desastres ambientales, pero en muy pocos lugares del mundo se han tolerado abusos tan graves como en Neuquén. ¿Acaso porque las víctimas son pobres o son indios a nadie le importa? ¿Hay conductas racistas en este infierno contaminado? ¿O tal vez esta negligencia esté expresando la decadencia de un sistema político puesto al servicio de las empresas internacionales?

Un gran abrazo a todos.

Antonio Elio Brailovsky

[i] Acta-Acuerdo entre las comunidades mapuches Paynemil y Kaxipayiñ, y la firma Repsol-YPF SA, Loma de La Lata, Neuquén, 07 de septiembre de 2000, “Evaluación del impacto socio-ambiental de la actividad hidrocarburífera en las comunidades mapuches y sus territorios (Informes filosófico, jurídico y técnico)”.

[ii] Testimonios de pobladores afectados en: ídem anterior.

[iii] Nahuel, Jorge, representante de las comunidades mapuches del Neuquén: comunicación personal, julio de 2002. – –

03 MAR 2003
FUENTE: Ecoportal.net NEUQUÉN ARGENTINA

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