Estamos en Córdoba, muchachos

Tal como viene ocurriendo desde la década pasada en las provincias cordilleranas, Córdoba acabó siendo también escenario de lo que ya es un clásico enfrentamiento argentino, otro River Boca, que en este caso tiene como estadio el territorio completo: la selección de la comunidad minera, especialmente sus grandes empresas, contra el equipo de la comunidad ambientalista.

Como van las cosas el país se arriesga a celebrar su bicentenario sin ponerse de acuerdo sobre una cuestión importante como es su desarrollo minero.

Si vemos los números mineros, ridículo que alguien pudiera oponerse a su avance: es responsable en la actualidad de multimillonarias porciones del total de las exportaciones nacionales y de las inversiones extranjeras. Se espera que en siete años sus exportaciones alcancen los 20 mil millones de dólares y las inversiones dupliquen esa cifra. Además la minería paga sueldos por encima del promedio y, de continuar el ritmo expansivo actual, empleará directamente a 80 mil personas para el 2.015.

Ahora, si nos ponemos a ver el esquema minero que sostiene aquel salto en las cifras y las consecuencias económicas, ambientales y culturales que están produciendo algunos emprendimientos, parece incomprensible que la administración nacional no esté en este momento metida de cabeza en el diseño de un nuevo código minero.

Mientras las autoridades que deberían ser federales hacen como si el problema no existiera, en Córdoba asistimos a un enfrentamiento que parece un griterío entre sordos. ¿Alguien escuchó a un empresario minero reconocer que sus explotaciones no deberían perjudicar la provisión y pureza del agua, los tesoros arqueológicos, el patrimonio turístico de las localidades cercanas? ¿Alguien escuchó, por otro lado, a algún grupo ambientalista cordobés reconocer que está parado en la provincia argentina con mayor historia minera y que sería un despropósito prohibir toda la actividad, con la que, inevitablemente, seguiremos conviviendo?

Vivimos en una provincia que tiene la suerte de contar con grandes riquezas mineras, no metalíferas, y al mismo tiempo un patrimonio natural e histórico envidiable. Simultáneamente Argentina es considerada hoy uno de los países con mayor potencial minero del mundo, y está en situación de poder ver y prevenir los desastres que la minería ocasionó en otros lugares del planeta. ¿Es difícil ver que el camino pasa por la convivencia y no por la negación de la contraparte?

Córdoba podría unir esfuerzos con otras provincias para que la Nación modifique el actual código minero, denominado “colonial y anacrónico” por quien fue secretario cordobés de Minería hasta el año pasado, Néstor Scalerandi. Es un esquema que –existe coincidencia en el Gobierno nacional y en la oposición–, está dejando ganancias casi cero al país y provocando la desertificación, contaminación y desgaste de pueblos enteros. Son pueblos que no están lo suficientemente cerca de Puerto Madero como para que su padecimiento encuentre la repercusión que merecería. Mientras tanto, la pelea mineras versus ambientalistas sigue encubriendo el defecto de fondo.

Sergio Carreras
De nuestra Redacción
scarreras@lavozdelinterior.com.ar
15 MAR 2008
FUENTE: LAVOZ.com.ar CÓRDOBA ARGENTINA

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